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Miércoles 28/07/2010. Actualizado 23:02h.
SANTANDER | Feria de Santiago
El temple es una de las condiciones esenciales para hacer el buen toreo, ya sea a pie o a caballo. Pablo Hermoso de Mendoza es quien tiene un sentido más desarrollado del mismo en el escalafón de rejoneadores y este miércoles volvió a demostrarlo en Santander, durante la segunda corrida de rejones de la Feria de Santiago.
Se encontró en quinto lugar con Montesino, un toro de Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez de galope también templado y extraordinario son. Hermoso tiró de sus panzers predilectos para asaltar la tarde. A lomos de 'Chenel' espesó el tiempo en los armónicos galopes a dos pistas. Prosiguió las suaves evoluciones por el anillo sobre 'Ícaro', con el que ajustó hasta lo inverosímil la distancia entre toro y centauro en el embroque de una banderilla colocada al quiebro. Con 'Pirata' terminó de calentar los tendidos sin renunciar a la ortodoxia y preparó el ambiente para la explosión final.
Los efectos del rejonazo de muerte, que resultó caído, fueron fulminantes y se desató el delirio en la abarrotada Plaza de Cuatro Caminos. A Hermoso le pidieron el rabo, galardón que hubiera resultado excesivo. La vuelta al ruedo con las dos peludas en la mano la dio junto al mayoral de la ganadería.
Ya había desorejado al buen segundo, donde clavó a la grupa con excesiva suficiencia para después coser las embestidas al galope de Silveti. Fue este un toro que, aunque sirvió, embistió un tanto a oleadas y con discontinuidades. Sergio Domínguez estuvo a punto de acompañar a Hermoso de Mendoza en la salida a hombros por la puerta grande, si no llega a ser porque estuvo hecho un pinchaúvas en el sexto. También fue capaz de templar sobre 'Albero' en una labor en la que el público fue entrando a medida que crecían las calidades de su quehacer. Clavó con pocas apreturas, pero lo mejor llegó después de colocar los garapullos, cuando condujo las acometidas de este colaborador último toro de la tarde con precisa despaciosidad. Mantuvo el buen nivel con Gallito y después llegó el desastre con el arma toricida.
Lo pinchó cuatro veces y cambió de montura para colocar medio rejón y terminar echando pie a tierra para descabellar, cuando la alargada sombra del segundo aviso planeaba sobre la plaza.
El tercero no resultó tan bueno. Parado, con clara querencia hacia los adentros y con tendencia a las distracciones, deslució notablemente los intentos de Domínguez por encelarlo en las cabalgaduras.
Fermín Bohórquez lidió con excesiva suficiencia a sus dos oponentes. Clavó siempre a toro pasado y bastaron los detalles de doma para recoger las ovaciones de un público muy amable dispuesto a pasárselo en grande. Dio un mitin con los rejones de muerte en el primero.
Volvió a confirmarse que la afición cántabra responde masivamente a las convocatorias de toreo a caballo, sobre todo cuando las mismas se producen en el horario habitual. Ayer se llenó el aforo de 10.333 espectadores de Cuatro Caminos hasta la bandera, lo que no ocurrió el pasado domingo en la corrida de rejones que se celebró en horario matinal, a las 12.00 horas.
Seis toros de Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez, reglamentariamente despuntados para rejones. Bueno el 2º, excelente el 5º, colaborador el 6º.
Fermín Bohórquez: Rejonazo atravesado que asoma, medio rejón atravesado, dos pinchazos, rejonazo en los costillares, silencio; pinchazo, rejonazo atravesado, dos pinchazos, rejonazo caído, silencio.
Pablo Hermoso de Mendoza: pinchazo, rejonazo, dos orejas; rejonazo caído fulminante, dos orejas. Salió a hombros por la puerta grande.
Sergio Domínguez: Pinchazo, rejonazo trasero, oreja; cuatro pinchazos, aviso, medio rejón caído, descabello, saludos. Plaza de Cuatro Caminos, séptima de abono. Lleno.